Relato erótico un mini-vibrador en el trabajo

Jorge

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Tengo que deciros un secreto de mí. Soy algo compradora compulsiva. Cuando algo se me mete… no lo dejo salir fácilmente jejeje. Aunque eso ya lo sabíais. Y resulta que ayer, pasé frente a un sex shop y vi en el escaparate un mini vibrador. Sin pensármelo me lo compré y si os soy sincera… lo llevo puesto ahora jejeje. Por lo que llevo toda la mañana sofocada, sintiendo como ese juguetito no para de rozarse con todas las paredes de mi coño. Es una auténtica pasada y he mojado tanto las bragas que tuve que subir al baño de la planta de arriba para poder consolarme y cambiarme. 

Pero no fue muy buena idea subir esas escaleras, porque hice que el mini vibrador se quedara más apretado y sentí que me temblaban las piernas. Estaba sofocada y a punto de gritar de placer y aceleré el paso para ir al baño. Pero fue otra mala idea, porque el juguetito comenzó a rozarse más y mojé tanto… que se me escurrió del coño y cayó al suelo. Sentí cómo caía, pero en vez de pararme a recogerlo, entré corriendo al baño, para evitar que alguien me relacionara con eso. Dentro, estaba con las manos en la cara, muriéndome de vergüenza. ¿A quién se le ocurre usar un mini vibrador en el trabajo?

Cuando me recompuse, abrí la puerta y me encontré a un hombre de espaldas. Le pedí paso, pero cuando se dio la vuelta, me miró a la cara y después me enseñó el juguete que se me cayó… ¡Me había visto y lo había recogido! Yo no sabía hacia dónde mirar. Me quedé paralizada. Pero después vi cómo se lo acercaba a la nariz y aspiraba fuertemente, mientras entrecerraba los ojos. Miré hacia su paquete y el tío estaba de lo más cachondo, porque tenía el pantalón abultado. Después, dio unos pasos hacia mí, haciéndome retroceder y nos encerró a los dos en el baño. 

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Allí, me empujó contra la pared, me separó las piernas y me bajó las empapadas braguitas. Sentí cómo suspiraba viendo mi coño mojado y después, sus dedos comenzaron a abrirme los labios, para ver cómo goteaba. Fue entonces que su lengua decidió probar el sabor de mi coño, mientras apretaba fuertemente mis muslos. Yo solté un gemido tan fuerte que tuve que taparme la boca con la mano. Su lengua era de lo más juguetona y me estaba chupando con ansias, haciendo que su saliva y mis flujos se mezclaran a la perfección. Y cuando aspiraba, para beberse todo, creí que me iba a correr en su boca. 

Pero fue entonces, cuando me volvió a meter el vibrador en el coño, sin avisar y haciendo que me sobresaltara por aquella repentina y deliciosa invasión. Su pulgar se apoyó en mi clítoris para poder frotármelo mientras el vibrador seguía haciendo de las suyas dentro de mi coño y su lengua, seguía explorándome. Era una maldita triple amenaza y acabé corriéndome fuertemente. Me agarré a su pelo durante el orgasmo y me contraje tanto que el mini vibrador salió disparado de dentro de mí. Esta vez, él no lo recogió. Se centró en recoger con su lengua todo el flujo que estaba derramándose por mis muslos. 

Pero él no había acabado. Se puso de pie y sin dejar de mirar a mi coño, se quitó el cinturón y se bajó los pantalones, para dejar al descubierto su pedazo de polla, con una cabeza tan gorda que me hizo querer más. Menos mal que me lo dio. Porque me agarró por el trasero para subirme a horcajadas en su cuerpo. Me apoyó contra la pared y me metió la polla sin piedad, de una vez, de manera limpia. Solo se escuchó un chasquido por cómo se empapaba su polla dentro de mi coño. Él soltó un gemido que ahogó en mi cuello y comenzó a mover las caderas de forma frenética. 

Me estaba follando bien fuerte contra la pared. No paraba de jadear a mi oído cada vez que me la metía y yo tampoco podía parar de gemir, al notar cómo esa polla tan gorda me estaba atravesando entera, haciendo que volviera a mojarme como una perra en celo, loca por sentir cada vez más, ese pedazo de glande recorriéndome el coño. Sus caderas se movían tan fuerte que me empujaban más y más contra la pared y me la metía tan adentro que seguro que su capullo estaba notando el final de mi coño. 

Cuando estuve a punto de correrme de nuevo, le avisé. Entonces, él paró de forma inmediata y se puso de rodillas de nuevo. Le gustaba el sabor de mi coño y quería que volviera a correrme en su boca. Así que la abrió bien y sacó la lengua, para que me apoyara sobre su cara. Así que así lo hice y me incliné hacia delante para apoyarme en el lavabo. Él no hizo nada, solo se agarró la polla con las dos manos y comenzó a machacársela mientras yo me frotaba contra su cara. 

Y cuando me corrí, ufff, sentí que empecé a chorrear como una loca. Él estaba gruñendo bajo mi coño, loco de placer mientras sentía que mis jugos le caían por la cara. Me abrió más as piernas y metió su lengua dentro de mí, una vez más. Me hizo estremecer la pasión que le tenía al sexo femenino. Me encantaba verle desesperado por seguir teniendo una parte de él, dentro de mí. Por eso le animé a que me follara una última vez.

Él se levantó y se colocó a mis espaldas, mientras yo seguía apoyada en el lavabo. Me agarró de las nalgas y una vez más, sin avisar me la metió hasta el fondo de manera limpia y profunda. Pude ver su cara reflejada en el espejo, con los ojos casi en blanco, poseído por el placer de tener un coño estrecho rodeando su polla. Un poco más fuerte. Algo más profundo… Mi coño estaba hinchado, pero dispuesto a lo que fuera necesario para hacer que se corriera. 

Pero no hizo falta mucho más. Me atravesó un par de veces más y de repente, un gemido profundo y ahogado, salía de su garganta, mientras su polla, salía de mi coño y lanzaba un chorro de semen al espejo. Qué espectáculo más excitante… Creo… que volveré a traerme el mini vibrador al trabajo. Me lo paso genial con él.

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