Una ducha muy caliente.
Había sido una noche perfecta,
conocer a aquella mulata en la parada de taxis…
menuda noche de fuego había pasado…
mi erección me hizo despertar.
Vi la almohada de al lado vacía y volví a recordar cómo iba vestida,
aquella camiseta de los Chicago Bulls como vestido,
aquellas medias de red
y sus Converse blancas.
Tras abrir un poco más los ojos,
supe qué me esperaba en la ducha,
caminé desnudo y allí estábamos,
ella, mi erección y yo.
Su sonrisa sirvió de invitación.
Mi mirada era toda una declaración de intenciones.
Dejé caer algo de saliva en aquel suave orificio,
jugué un poco con el dedo
y al sentirlo tan húmedo, tan jugoso y al tiempo pringoso,
la apuntalé con mi polla,
suave,
sentía cada centímetro de penetración,
sentía cómo se abría camino a mi paso.
En mi cabeza resonaban sus gemidos,
su melena negra sobre su espalda canela,
su cintura aún marcada por la lencería recién quitada.
Tras varios recorridos suaves,
cuando me aseguré la lubricación adecuada,
empecé a embestir con violencia,
los gemidos iban en aumento ahogando el sonido del agua en la bañera,
el vaho cubría el aire así como mis manos cubrían su cintura.
Las penetraciones ya no podían ser más profundas,
sentía cómo llegaba al final de su cuerpo,
en sus gemidos se leía ese punto de dolor que se funde con el placer cuando te llegan muy adentro.
Un giro rápido de su cabeza desnudó su rostro hasta ahora velado por su melena,
sus ojos cerrados,
su boca abierta,
sus labios gruesos,
aquellos rasgos mestizos eran la delicia de mis fantasías.
Mi mano volaba hacia su cachete derecho para dar lugar a una sonora y morbosa palmada,
entre gemidos,
salió una débil afirmación y mis embestidas aumentaron en profundidad y potencia,
sintiendo cómo al llegar a su punto más profundo,
su cuerpo trataba de escapar de mí,
amarrándola con mis manos a ambos lados de su cadera,
con mi mirada recreándose en su cuerpo una y otra vez,
en su culo,
en su cara,
sin dejar de sentir el morbo que me daba su espalda tatuada.
Empezó a temblar,
sentí cómo sus piernas se arqueaban,
sus gemidos tornaron a gritos,
su cabeza se levantó y aquellos gritos que resonaban en mi cabeza,
hicieron que mi polla explotase,
en un ejercicio de maravillosa sincronía ambos aullábamos frenéticos de placer,
sin bajar el ritmo,
podía sentir cómo la lubricación era abundante,
cómo palpitaban sus músculos internos,
cómo mi corazón quería salir de mi pecho,
cómo su respiración se había contenido
en lo que parecía un colapso de placer,
dejando mis gemidos solos durante unos segundos para volver con nuevos gritos y alguna oración.
Seguí moviéndome suavemente,
sintiendo placenteros espasmos que recorrían mi cuerpo y el suyo.
Cuando mi respiración volvió a la calma,
saqué mi polla de aquel Satisfyer Men Heat Vibration
y sin dejar de recordar aquella sonrisa de ensueño,
Me dirigí a la cocina para tomar mi café.