Relato erótico: Follando en el callejón

Jorge

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Me he cansado de la revista guarra. Sí, es cierto que es de lo más excitante, pero ya ha pasado un tiempo y esa revista ha perdido su magia. Así que, ayer, me decidí por ir a comprar una nueva, pero me estaba muriendo de vergüenza… Podría pedirlo por internet sí… Pero tardaría y por muchos vídeos guarros que vea… La revista… tiene algo sucio que me encanta. Pero aún así, me costaba pararme en la sección de adultos de la tienda. Había cientos de portadas de lo más sugerentes, creativas, excitantes… Pero no me atrevía a coger ninguna. Solo… las miraba desde la lejanía, jajaja. 

Mi estrategia fue, esperar a que anocheciera un poco más. No habría niños y la mayoría de los adultos estarían haciendo la cena y las cajas estarían casi vacías. Así que llené mi cesta de la compra con varios utensilios sin sentido y de lo más inútiles y como quien no quiere la cosa, pasé por la zona de revistas para adultos y agarré una, sin dejar de mirar al frente. Pero la mala suerte me apuntó con el dedo, porque justamente, mi mano se cruzó con la de otra persona, que buscaba la misma revista y que esperaba a que el camino se despejara, para poder agarrarla. 

La mano me tembló y cuando me giré para verle, era un hombre vestido con un chándal que probablemente no se había cambiado en un par de días. Iba con zapatillas de deporte, con gafas que estaban empañadas por una respiración entrecortada, una riñonera ochentera y medio calvo. Pero creo que lo que más me sorprendió, fue cómo me miró. Miraba la foto de la portada y después me miraba a mí. Entonces, ¡empezó a toquetearse por encima del pantalón! Y joder… no sé por qué… eso me puso.

A los cinco minutos, estaba contra la pared del callejón de atrás. Junto a los cubos de basura. Con los pantalones bajados y las bragas hasta los tobillos. Las piernas bien abiertas, mientras aquel desconocido, de rodillas me saboreaba el coño con desesperación. Como si fuera el primer coño mojado que se comía en años. Le escuchaba gruñir y parecía un cerdo comiendo con ansiedad, pero Ufff, cómo me ponía. Era tan primitivo y me estaba usando como un trozo de carne para lamer y me estaba gustando muchísimo. Tanto… ahhh que estaba chorreando y eso le ponía muchísimo más. 

Yo no paraba de gemir y mis gritos los paraba el muro de ladrillos que tenía pegado a mi cara. Y mientras más gemía uhmmm, más gruñía él. Su lengua húmeda se deslizaba con fuerza por todo mi coño, recogiendo una y otra vez los fluidos que salían de mí. Tenía ambas manos abriéndome los cachetes del cuño, para que su lengua pudiera meterse dentro de mi coño. Al sentir cómo me follaba con la lengua, no pude evitar correrme en su boca, ahhhh. Joder y eso me puso tanto que le grité para que me metiera los dedos. Él no dijo nada, solo los metió en profundidad y Ufff, volví a correrme en su mano, dejándosela empapada. 

Entonces me temblaron las piernas y caí de rodillas sobre las bolsas de basura. Me giré como pude y allí estaba él, de pie y con los pantalones hasta el suelo. ¡Tenía un rabo gigantesco! Erecto y fuerte. Podría colgarme de allí y eso no bajaría. Le agarré la polla con las dos manos y empecé a machacársela para ver cómo disfrutaba. Jadeaba súper cachondo al ver que una chica bonita le agarraba el rabo y soltó un grito cuando por fin, me lo metí en la boca. Tenía un capullo súper gordo y apenas me entraba en mi boquita. Pero me las apañé para mamársela bien, mientras mi lengua le recorría toda la polla hasta el glande. 

Enseguida empezó a gotear su polla. Estaba en su punto álgido y yo no quería desaprovecharlo. Así que le dije que me follara ya. Que lo necesitaba. Quería sentir ese pedazo de rabo atravesándome. Sabía que mi coño no estaba preparado para una polla tan gorda, pero me daba igual. Me puse a cuatro patas y me abrí mi coño todo lo que pude. Él se puso de rodillas, se agarró a mi trasero y de un solo golpe uffff, me la metió hasta el fondo. Me dolió un poco, pero también me gustó y cada vez que la metía y la sacaba, más me gustaba. 

Estábamos follando en el callejón, que estaba de lo más silencioso y solo se podía escuchar nuestros gemidos y el golpeteo de sus pelotas contra mi coño, los azotes que me daba en el culo y el chapoteo de su polla mojándose por lo cachonda que estaba. El tío, empezó a jadear más fuerte y más fuerte. Sus caderas, comenzaron a golpearme a más velocidad. Ahhh, más fuerte y más profundo. Éramos como dos perros follando, de manera salvaje y sin remordimientos. Yo no paraba de decirle más y más, porque estaba a punto de correrme. Pero entonces se paró y se levantó del suelo.

Yo estaba aún perpleja, cuando sacó la polla, pero entonces me agarró por la cintura y lanzó contra las bolsas de basura. Y fue entonces, que empezó a machacársela fuerte, mientras no dejaba de mirarme. No sé por qué, pero le ponía demasiado verme medio desnuda y sobre la mugre. Pero más me ponía a mí, ver la perversión con la que me miraba. Empecé a masturbarme mientras él seguía machacándosela con rapidez. Mmmm, me frotaba el clítoris con fuerza, mientras miraba a ese pervertido sacudiéndosela y por fin, ahhhh, me corrí de nuevo, mientras él soltaba un gruñido y bañaba todo mi cuerpo con toda su leche caliente. 

Me salpicó por todos lados. Y mientras yo me limpiaba, él se subió los pantalones y se marchó sin decir palabra. Cuando yo ya estaba recompuesta y vestida, volví a entrar en la tienda, para buscar la revista que dejé pendiente. Maldita sea… el muy cerdo, entró antes para comprarla antes que yo.

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