Más que un masaje

Escrito por Daniel Vega Copropietario de @LATIENDAEROTICA69, Un apasionado de sexo sin tabús Y donde el placer de ella está por encima de todo.
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Es una tarde fría de domingo.
El calendario marca el mes de agosto, el viento helado entra por un pequeño espacio entre la ventana y pared. Te noto inquieta, no logras encontrar esa posición para dormir un ratico.
-Amor qué tienes?
-No sé qué tengo, estoy como desesperada.
– ¿Quieres que te consienta un poco? ¿Qué tal un masajito?
– ¡Que rico! Pero lo quiero sensual.
Tus palabras son mágicas y ponen a volar mi imaginación. De un solo salto cierro la ventana voy a al lugar de nuestros juguetes, donde saco aquel aceite caliente de olor a vainilla que te gusta tanto…
Te pido que pongas boca abajo, desnuda y centrada en la cama.
Empiezo con delicadeza derramar aceite tibio por tu espalda, el contraste de temperatura eriza tu piel.
Dejo caer el aceite gota a gota, tocando cada vértebra de tu espalda.
Sientes mis firmes manos con sus dedos calientes recorrer cada parte de tu espalda.
Mis manos inquietas y suaves por el aceite toman tus brazos de arriba abajo, las yemas de mis dedos van tocando cada fibra de tus hombros y cuello.
Lentamente recorro tus costados hasta llegar a tus caderas.
Sientes una breve pausa, una leve calma.
Escucho pasar saliva por tu garganta. Y un sutil “umm” brota de tu garganta.
Tus zonas erógenas empiezan a despertar y presentir que te voy a hacer mía.
De repente, sientes un chorro caliente de aceite que baja por tus caderas, envuelve tus nalgas y junto con mis manos recorre tus piernas.
Un escalofrío recorre tu entrepierna mientras mis manos calientes tocan la zona interior de tus piernas y un placentero gemido sale de tu boca.
Me desnudo para ti y tus manos presurosas buscan mi cuerpo, pero te detengo con firmeza, me acerco a tu cuello, me detengo a verlo con deseo y lujuria, y susurro en tu oído.
Es más que un masaje…

Empiezas a sentir todo mi cuerpo deslizarse sobre ti. Todo mi cuerpo está en contacto con el tuyo.
No hay una parte de ti que no esté impregnada de aceite.
Sueltas tu voz y me dices con voz entrecortada.
– ¡QUE RICO AMOR!
Tus palabras son órdenes implícitas para mí.
Mi boca se come tu cuello al mismo tiempo que me sigo apretando contra ti.
Mi cuerpo cambia de posición y como si fuera un pintor tomó mi pene con mi mano diestra y comienzo a recorrer tu cuerpo como si fueras un lienzo en blanco recorro todo tu cuerpo con mi glande duro y caliente.
Me vuelvo a colocar encima de ti, tomo tus manos y mientras sueltas un largo y fuerte gemido, mi pene brillante por el aceite desciende con delicadeza por tus nalgas dejando tu sexo expuesto para mí.
Empiezo haciendo un poco de presión que me permite rozar suavemente tu sexo, la presión es suave y delicada. Todo de mi está en el camino próximo a tocar tu sexo, la respiración se corta y la saliva se agota.
Con cada segundo transcurrido tu clítoris se ha llenado de sangre acumulando presión, lo siento firme al tacto, parece tener vida propia, está expectante a la penetración.
Juntos nos estamos aproximando al momento de la penetración.
Se que estás desesperada por sentirlo, tuyo, muy dentro de ti.
Pero soy necio y te quiero volver loca. Realizando un movimiento continuo devuelvo mi pene por el mismo camino, lentamente rozando todo tu sexo.
Suavemente te tomo de la cadera y te ayudo a voltear boca arriba, Derramo aceite en tus senos, de forma pausada y manteniendo la presión en mis manos esparzo el aceite por todo tu dorso desnudo, sé que te tengo.
Tu respiración está agitada, no puedes disimular los gemidos que surgen espontáneamente de lo más profundo de tu ser y cuando llego con mi mano a tu sexo lo siento.
Estás totalmente mojada.
Clavo mi boca en ti, saboreo cada parte de tu vagina, cada dulce gota de tu sexo.
Muevo mi lengua como un torbellino de placer, que te hace contraer tus piernas, estremecer tus pezones y explorar con tu primer orgasmo de la tarde.
Miro tus ojos, y por las pequeñas gotas de llanto sé que lo logre, eres mía y te devorare toda la noche.
Me acuesto a tu lado, presionando mi pecho en tu espalda, siento tu aroma, muerdo tu espalda y respiro muy fuerte en tus hombros.
Hablo en tu oído y de forma certera pongo la punta de mi pene en la entrada de tu sexo, mi mano dominante es dueña de tu clítoris y con un movimiento totalmente rítmico, te penetro lento, profundo y sostenido al mismo tiempo que mi mano acaricia tu clítoris como te gusta.
Me doy la libertad de tomar un momento para oírte, sentir tu piel erizada, apretar tus bellos senos y duros pezones, todo lo anterior sumado a tu sexo empapado pidiendo más y más de mí.
Me fascina, me enloquece.
Estoy muy dentro de ti y mientras poco a poco cambio la posición y quedo encima de ti. Estás dominada, te sientes vulnerable, tienes una bestia encima con toda la intención de hacerte explotar.
Elevo tu cardera, y quedas en cuatro. Perfecta, toda para mí.
Empiezo a penetrarte a un ritmo fuerte y cadencioso, que es guiado por el sonido de mi pelvis chocando con tus nalgas.
Tu piel cada vez se pone más roja, mis manos se afianzan en tus caderas y no contento con escucharte gemir cada vez más fuerte, enrollo mi mano en tu pelo y de la forma más sexy del mundo te llevo hacia mi cuerpo, mientras te paso la lengua por toda tu espalda y cuello.
¡No sabes cómo es posible! ¡Te quieres venir otra vez! Entre tus gemidos surge una frase.
Algo que me pone al 1000%
-NO PARES! DAME MAS!
Acelero el ritmo, cada parte de mi cuerpo trabaja en tu placer. La penetración es perfecta.
Y de un solo suspiro sientes como nuestros sexos se funden en un maravilloso orgasmo. Los gemidos retumban en las paredes de la ahora caliente habitación.
Caemos juntos, llenos de aceite y de placer…