Relato erótico: Lo que empieza con un huevo acaba con un trio

3.8
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Estaba tomando una copa con mi chico en uno de esos bares pijos de un hotel que nos encanta, ese día, para amenizar la velada, le había dado el mando del huevo vibrador que llevaba dentro de mi chochito, el muy cabrón lo estaba pasando en grande, esperando que viniera la camarera para ponerlo a la máxima intensidad y ver como yo me derretía de placer  mientras trataba de mantener la compostura, aunque reconozco que yo estaba disfrutando más que él. 

De repente veo que sus ojos han dejado de mirarme para empezar a mirar en otra dirección. En un principìo me sentí un poco molesta. Yo que soy fiel cumplidora de sus fantasías más oscuras, de repente ignorada. 

Me giré descaradamente para ver cual era el motivo de sus distracciones y entonces lo entendí. Era una chica china, con un vestido corto pero elegante, con una figura delgada pero atractiva y con unos tacones de los que a él le quitan el sentido. 

El ya me había contado varias veces que una de sus fantasías era acostarse con chicas de otras etnias y las chinas estaban en la primera posición. 

Dude que hacer, ¿Le montaba un numerito y luego en casa le castigaba a mi manera? o le ayudaba a cumplir su fantasía y de paso, me incluía en ella?

Atarle a la cama, azotarle con el látigo y follarlo aún cuando se ha quedado dormido es algo que lo que nunca me aburro, pero, hoy, tras dos copas y con lo cachonda que estaba, me apetecía varias. 

También es cierto que la chinita estaba cañón y que a mi también me estaba apeteciendo follarmela. 

Ella estaba con un grupo en el cual todos eran chinos y tirando a la tercera edad así que, sin decir nada, cogí mi bolso, fuí hacia el baño y cuando mi chico ya no me veía, aprovechando que ella si me miraba, le hice un gesto para que viniera conmigo. 

Ella bajó la vista al suelo y vino tras de mí. Una vez en el baño me di cuenta que ella casi no hablaba ni una palabra de chino ni de inglés, solo chino y español de turista, a si que, le escribí mi dirección en un papel, pero ella me pidió el boli y el papel, los puso a un lado y pegó su cuerpo al mío, pegando su pecho a mi espalda y sus manos fueron a parar sobre mis pechos, en ese momento, el huevo empezó a vibrar con fuerza y la imagen de ambas en el espejo, mientras ella me sobaba me puso más cachonda todavía. Mis manos buscaron su culo, levanté un poco su vestido y pronto descubrí que el vestido era la única prenda que llevaba, su coño ya estaba húmedo, uno de mis dedos se coló dentro de él provocando un gemido que explotó junto a mi oído y envidiosa ella, llevo sus manos al fin de mis piernas para comprobar mi estado de ánimo. Sus manos hábiles empezaron a acariciar mi punto más sensible mientras yo le correspondía, de espaldas. Ambas, mirándonos fijamente en el espejo salvo cuando ella mordisqueaba, mordía o lamía mi cuello. 

De pronto, sentimos unos pasos que se acercaban a la puerta del baño y en cosa de 1 segundo recuperamos un aspecto de normalidad que no se correspondía para nada con el calor que las dos llevábamos por dentro.

Ella tomó el bolígrafo, sacó de su bolso una tarjeta del hotel y escribió 302, 23:00

Después, cada una volvía a donde estaba y disimulamos. Decidí no decirle nada a mi chico. Aunque, por las vibraciones del huevo, creo que ya se imaginaba lo que había pasado en el baño. Él me esperaba expectante. Quería los detalles de mi encontronazo con el mundo asitico, pero lo negué. Erán las 22:30 y yo no veía el momento de subir a la habitación 302 para montarme la fiesta que estaba imaginando. 

Pasamos media hora con sobeteos disimulados en el sofá del hotel y cuando eran las once menos 5, la china, se despidió de sus amigos y fue hasta el ascensor. 

2 minutos después, cogí a mi chico, lo metí en el ascensor, y aprovechando que íbamos solos, dejé que mis manos se perdieran en su paquete que lucía como un juguete listo para ser utilizado. Él no decía nada, supongo que se lo imaginaba, tocamos la puerta y nos abrió la chinita, aún llevaba el vestido y los pantalones, me cogió la mano y tiró de mí para que pasásemos. 

Me llevó hasta una butaca grande que había en la esquina de la habitación, me hizo un gesto para que me sentase y después, mirando a mi chico, se quitó el vestido y…

Y el resto, te lo cuento el próximo día. Pero, si te quieres imaginar cómo continua, puedes contármelo aquí.

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