FUSTA CON PLUMA NEGRA

Descripción

¿Qué harías con esta FUSTA CON PLUMA NEGRA? Si te gusta la humillación y la dominación pero eres un poco tacañ@ esta fusta de doble cara con pluma estimuladora de color negro es tu fusta ideal.

¿Quieres disfrutar castigando a latigazo limpio?¿Quieres ver como se sonroja su culo?¿Quieres azotarle hasta que sus quejidos que conviertan en gemidos? Pero como no eres una mala persona, después quieres acariciarle y hacerle cosquillas con las plumas, con esta fusta todo es posible, !El único límite es tu imaginación!

Con ella podrás practicar la parte más secreta, escondida y desconocida del sexo, primero estimulando a tu pareja con las suaves plumas para luego azotarle con la fusta que lleva en el lado opuesto.

Edición Especial Limitada 50 Sombras, colección de juguetes del famoso libro del que todo el mundo habla.

Fantasía con fusta con pluma

Ella yacía boca abajo en mi sillón de tortura, hacia dos horas que la había dejado atada y sola en la habitación. Cuando entró en la habitación se sentía muy segura, seguridad que empezó a decaer cuando me vio con mi máscara. Su mirada se fue a la fusta negra con pluma que había sobre la mesa como único instrumento de tortura, en ese momento, sus ojos volvieron a mi dubitativa, su mirada buscaba donde estaba el resto.

-Túmbate ahí -Dije con tono autoritario y como saludo.

El tono de mi voz pareció excitarla un poco y ya con una actitud de sumisa se tumbo. Ella llevaba un disfraz de colegiala que me ponía muchísimo junto con unos zapatos de tacón que alzaban su figura y elevaban mi animo.

 

Mientras la ataba boca abajo a mi sillón de tortura, me iba conteniendo para no levantarle la falda, en ese momento ansiaba descubrir los secretos que escondía pero, un buen amo no se puede dejar llevar de esa manera en el primer minuto. Lo primero era que se sintiera un despojo humano. Me senté frente a ella, mirandola, fantaseando con lo que iba a hacer y mientras fumaba un cigarro y esculpía el humo en su cara.

Quiso decir algo pero la mandé callar y la hice saber que solo podía hablar cuando la fusta negra con pluma fuese guardada.

Después, terminé el cigarro, lo apagué en el cenicero, dejé el cenicero sobre su espalda y salí de la habitación cerrando la puerta.

Ahora, ya estaba preparada para jugar con la fusta con pluma.

 

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